¿Quieres especializarte o saber más de una cosa?

Decíde leyendo esto…

Tal como expliqué en una presentación del MIAC, el arte, la narración y ayudar a los demás se cuentan entre mis mayores intereses. Con tres cosas tan diferentes necesito contestar a la pregunta por la que estás leyendo esto con tanta urgencia como tú. Abordaré el asunto con una pregunta que está directamente relacionada con la duda: ¿Cómo ser capaz de hacer lo que sea con nuestro tiempo?

Pudiera parecer que esta cuestión es abstracta y carente de rumbo, sin embargo, ¿quién no desea poder viajar a la otra punta del planeta en el momento que quiera, poder estudiar una carrera más o vivir con independencia financiera? Cuando tocamos el tema de la libertad, la verdadera, en la inmensa mayoría de ocasiones mencionamos barreras como el lugar del que venimos, el capital que posee nuestra familia, incluso nuestra condición genética, como aspectos que nos apartan de la cotizada libertad. Aun así, cuando tú mismo te pongas a conversar con tus vecinos, compañeros de trabajo, jefes, amigos o familiares, descubrirás que la excusa nº 1 para justificar la incapacidad de que uno pueda hacer lo que quiera es “no tengo tiempo”. Esta lapidaria y, a la vez, cotidiana frase parece extenderse en nuestra sociedad y especie como un nuevo virus aún más terrible que el Covid-19. Está claro que la falta de dinero o salud pueden limitarnos en nuestra capacidad para hacer lo que deseamos, pero, cuando nos decimos a nosotros mismos que no tenemos tiempo, cualquier posibilidad de libertad queda convertida en una osada fantasía con la que solo nos atrevemos a bromear. De esta forma, podemos darnos cuenta de que vivimos en un mundo en que la limitación es más fuerte que cualquiera de nosotros. Por lo que la pregunta inicial parece responderse con un simple pero directo “nadie es capaz de hacer lo que sea con su tiempo”.

Esto es un hecho, somos humanos y eso significa que somos seres limitados. Esta verdad se extrapola a la formación académica y profesional. Con este paradigma de impotencia, en que nuestras horas están contadas, en que debemos ser cautos en qué invertir ese valioso recurso que parece agotársenos de las manos solo con pensarlo y que, en efecto, se nos agota cada instante, cuando nos formamos e incorporamos al mundo académico, empresarial o profesional, debemos optar por la especialización. Al fin y al cabo, nadie puede hacer lo que sea con su tiempo. Tenemos que escoger que hacer con el mismo y procurar hacer ese algo de la mejor manera posible. Vivimos en un mundo en que esta decisión de la especialización es la norma; en los institutos, en las universidades, en los trabajos, en las empresas, etc… Todo nuestro sistema parece abocado a que nos dediquemos única y exclusivamente a una sola cosa; abrazar un nicho concreto y aferrarnos al mismo como si fuera una balsa que se desplaza en un mar embravecido. Lo repetiré una vez más; carecemos del tiempo y la capacidad de hacer lo que deseamos. Con estos argumentos, podemos dar por contestada la pregunta. Claro que, estas líneas las ha escrito tu amigo Sergos de Remas y, tras años de ensayo y error y mucha reflexión, he llegado a la conclusión de que, tanto tú como yo, somos polímatas que deseamos hacer cualquier cosa con nuestro tiempo.

Con semejante condición me atrevo a preguntar: ¿podemos aspirar a más?, ¿existe la posibilidad de diversificar nuestra atención y esfuerzos?, ¿podemos hacer más con ese presuntamente agotado tiempo de lo que presuponemos? La historia alaba a figuras como los maestros de la antigua Grecia, versados en tantas disciplinas. Se han escrito océanos de tinta y hablado horas en conferencias acerca de Leonardo Da Vinci, el mayor polímata del que hayamos tenido constancia, y porque era tan brillante. La biografía de Steve Jobs es un ejemplo contemporáneo de genio y éxito. Incluso, más a favor o en contra de su persona, la figura de Elon Musk despierta fascinación por sus diversas empresas e inversiones, muy heterogéneas entre sí. Por tanto, con tantas figuras multidisciplinares reconocidas en el mundo, ¿por qué nos empeñamos con tanto ahínco en la especialización? ¿Es acaso la única posibilidad que tenemos como individuos para tener un cargo o puesto de importancia en la sociedad?, ¿para ser libres? ¿Hay maneras de que, aquellos que sentimos interés genuino y pasión por campos tan diferentes como la fotografía o las matemáticas, podamos desarrollar nuestras prácticas sin miedo a ser tachados de incompetentes o, peor aún, agotar lo poquísimo que quedaba del escurridizo tiempo?

Este escrito no espera ni por asomo criticar este estatus quo, antes he admitido que somos seres limitados. Más, quiero atreverme a plantearse la alternativa. Quizás, aceptar que la especialización es la mejor opción es lo más sensato. Ser un veterano en un campo de estudio o profesional da confianza y estatus a nuestro nombre, título o puesto empresarial. Es lo que otorga más seguridad y comodidad en un mundo incierto en tantos aspectos. Sin embargo, retómenos los ejemplos de Da Vinci, Jobs o Musk. Ellos son personas multidisciplinares que alcanzaron el éxito financiero, social o espiritual, por lo que, más o menos viable, la alternativa está ahí. Por otro lado, las personas multidisciplinares somos más frecuentes de lo que solemos admitir. Son frecuentes los casos de científicos diestros en el deporte, como Santiago Ramón y Cajal, o de actores que son magníficos ajedrecistas, como Arnold Schwarzenegger. Tampoco es necesario recurrir a figuras públicas. Es muy posible que tengamos algún conocido, algún amigo, cuyas inquietudes se mueven por diversos campos muy diferentes los unos de los otros. Podemos recurrir a tú mismo ejemplo ¿Siempre has hecho lo mismo a lo largo de tu vida? ¿Has sentido la misma satisfacción por cierta afición a los veinte que a los cuarenta, si es que llegas a esa edad? ¿Ves las cosas de la misma forma a cómo las veías, por ejemplo, en tu adolescencia? ¿Siempre has estudiado o leído acerca de un único tema? Si la respuesta a todas o la mayoría de las preguntas es negativa, ¿podemos aceptar que podríamos abarcar más de un único campo? ¿Por qué buscar de forma irremediable la especialización?, ¿por qué no dejar la puerta abierta, aunque sea solo como satisfacción propia, a ser personas polímatas? Con los ejemplos citados anteriormente, queda claro que es una vía factible y, de hecho, ejemplo de plenitud en varios aspectos de la vida. El tiempo es reducido y limitado, las responsabilidad restringen nuestra capacidad de actuación, pero, de ahí, a que nosotros mismos seamos los que nos neguemos experimentar con nuestras posibilidades hay un trecho. Abrámonos a que haya lugar para más de una versión de nosotros mismos, más de una naturaleza, más de una profesión. No es necesario renunciar o desvirtuar la especialización, tampoco lo es descartar la multidisciplinariedad.

Esta es la propuesta que quería dejar sobre la mesa con este escrito, pues, al fin y al cabo, es la propuesta que, antes que nadie, deseo lanzarme a mí mismo. Yo soy Sergos de Remas y, tras mucho buscar y preguntar, he llegado a la conclusión de que eso es lo que soy, o al menos, aspiro a ser: un polímata. Dibujo, escultura, pintura, música, escritura, edición, fotografía, diseño gráfico, literatura, poesía, aprendizaje de idiomas, deporte, coaching, relaciones sociales, viajes, enseñanza… Estas son solo algunas de mis mayores pasiones. Lista que acepta otras disciplinas tales como la costura, las matemáticas o la gestión y dirección de empresas. Con tantas opciones, una exigencia como un TFG del grado o el TFM del Máster que estoy cursando, se me hacen tediosas y limitantes para todas las posibilidades que existen. Movido por este hecho y todo lo argumentado anteriormente, mi propuesta artística, mi proyecto, no solo universitario o artístico, sino también, vital, es explorar las posibilidades de un modo de vida polímata y multidisciplinar en el que el dibujo, pintura, escritura y muchos otros temas, serán piezas clave y se desarrollen hasta dar forma a un único proyecto que adopte todas estas opciones.

No busco dar con una filosofía o elaborar un manual que facilite ciertos aspectos de un individuo que encaje con un arquetipo concreto, sino, más bien, jugar con las posibilidades de todo esto. En el próximo año que viene, desde el momento en que redacto estás líneas, quiero explorar hasta dónde puede llegar un individuo que piensa que sí tiene tiempo, que puede ahondar en más de una sola rama del saber. No hay nada que demostrar ni tampoco se aspira a alcanzar un éxito monetario o de reconocimiento, tan solo quiero probarme a mí mismo que los talentos que me ha acompañado desde la niñez pueden alcanzar un grado de madurez como para considerarme a mí mismo una persona multidisciplinar. Lo importante es saber la respuesta a estas preguntas ¿Hasta donde llega nuestra libertad? ¿Qué podemos lograr con nuestro tiempo? ¿Hasta qué punto podemos ser capaces de hacer cualquier cosa? Contestar a una sola de estas preguntas, justificación para redactar este escrito, serán recompensa más que suficiente más allá de obtener cierta calificación en mi TFM o merecer elogios por parte de alguien. Mas que nada, quiero ser libre, no ante el estado o la percepción de los demás, sino libre de mi propia mente. Creo que sí que tengo el tiempo como para averiguarlo. Si has llegado hasta esta parte del ensayo, estoy convencido de que tú también lo tienes.

Déjame saber que te ha parecido este ensayo en comentarios!

Recuerda suscribirte al boletín de correo para recibir más contenido como este y estar enterado de todas las actividades que haga en los próximos meses.

Te ha hablado, tu amigo Sergos.

Categories: Ensayos

2 Comments

¿Qué eliges?

  1. Sigue con esa capacidad que tienes y que has resumido con precisión, controlar la propia mente, me parece muy importante, la objetividad y » ver» todo desde fuera es algo que está reservado a unos pocos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *