¿Podéis maginar esto? Un país en el que las ciudades están construidas con árboles y donde la magia es más verídica que la Ciencia. ¿Podéis ver en vuestra cabeza un lugar donde elfos, enanos o faunos convivan con dragones ancestrales y dinosaurios voraces? ¿Seríais capaz de imaginar un mundo donde los animales hablan y son inteligentes?  Si os ha resultado complicado, tranquilo, viajero. Mi nombre es Sergos y acabáis de llegar a Ercleón. Sed bienvenido…

Ercleón es el nombre que recibe la región occidental del continente de Térega, una tierra rebosante de vida en la que habitan cientos de razas: desde pequeños y apacibles medianos, nobles y señoriales elfos, salvajes trolls de toda clase, hasta colosos sobre cuyos cuerpos se han levantado ciudades enteras. Pero los verdaderos dueños de esta región son los animales parlantes, los veduh, quienes existen casi desde que aparecieron las primeras razas inteligentes.  Los animales parlantes se dividen en las mismas especies que vos conocéis. Todas ellas se rigen por la Sagrada Ley. Estos se han mezclado y diseminado por muchos lugares y naciones y su modo de vida ha condicionado al resto de razas de Ercleón.

El Imperio ebénico es la potencia principal. Hogar de los ebénicos, mi pueblo, este Imperio consta de treinta y tres provincias y tiene una cercanía con el reino animal muy estrecha. Esta nación ha tratado de imponer la paz en todo el Oeste y, en gran parte, lo han conseguido. Los ebénicos coexisten en paz con los elfos de Debiria, los enanos del Sindrato y los faunos, centauros, cíclopes, minotauros y amazonas de Heledia.                       

Tras el Imperio ebénico, el poderoso reino de Véudra es quien ostenta la hegemonía en la región. Este es un país de semigigantes belicosos que van a la guerra montados a lomos de dinosaurios como los alosaurios, los carnotaurios y los temibles tiranousarios-rex.

Otras naciones y civilizaciones importantes son el Sindrato de los enanos, la provincia de Debiria e Iriega, los feudos iáropes, las ciudades ércelas y los clanes esteparios de Meledia. Estos también compiten por adquirir una tajada de todo el poder y recursos de la región.                                                                                                                                           

Algo que hace la historia de esta tierra épica y también trágica es como las razas han luchado en conflictos tan devastadores que incluso los dioses han tenido que intervenir.  

Bien por la influencia de las deidades en el mundo terrenal o por voluntad del mismísimo destino, en Ercleón la magia es real. Los erclenos la vemos como algo tan ordinario que su uso apenas sorprende al niño más pequeño. Nosotros la llamamos Danaria y la posibilidad de aprenderla es algo con lo que nacen cuatro de cada diez habitantes de la región. A estos nacidos se les llama sensibles y, con el adiestramiento adecuado, pueden llegar a convertirse en poderosos hechiceros capaces de alterar la realidad mediante sus tótems.                                                                                                             

Los poderes que esta confiere son muy variados. Los hechiceros pueden manifestar puertas encantadas que unan lugares separados por muchos kilómetros de distancia. Otro poder icónico es la generación de armas tan o más cortantes como el acero desde sus propias manos. Hechizos de curación, invisibilidad, lectura de mentes… La aplicación de la magia es casi ilimitada.                                                                                        

El mayor logro hasta la fecha fueron los troncos élopas. Hace casi un milenio, los cíclopes fueron capaces de desarrollar una tecnología que se usase como medio de transporte en el ámbito civil y militar. Estos vehículos son los élopas y surcan los cielos de un sinnúmero de ciudades a lo largo y ancho de Ercleón.                                                                                                         

Unos cuantos siglos después, los hechiceros elfos crearon en conjunto con los cíclopes y los enanos una red mágica para mantener informada o entretenida a la población. Esto se logró con la creación de receptores de energía, pantallas capaces de recibir dicha señal encantada y comunicadores mágicos que cupiesen en los bolsillos. En la actualidad todos los erclenos usan en el día a día un móvil danariático            

                                                                                                                            

De igual modo, como muchos hechiceros han abrazado el mal camino hasta convertirse en peligrosas amenazas, casi desde que los mortales aprendieron a hacer magia se crearon sobre las ciudades las barreras de protección. Estas impiden abrir los portales a menos que sea a través de los arcos de piedra. De este modo, se ha originó una vasta red de transporte que conecta ciudades y gobernaciones tan separados que resulta imposible llegar por medio de los élopas. Ahora, ¿recordáis que os hablé de colosos sobre cuyos cadáveres se han levantado ciudades? Pues uno de ellos aún sigue con vida y es el ser vivo más viejo de todo el planeta. Sumido en un trance de hibernación, está próximo a cumplir cien mil años. Es conocido en todo el continente como el Cenebro.                                                                                                 

                                                                                               

Sus primeros tallos aparecieron en la primera época de la que se tiene registro. Antaño era un gigante que caminaba por el mundo como un rey del bosque hasta que un terrible y malvado guerrero le hundió su lanza en el corazón. Esto, lo dejó en ese trance del que sigue siendo presa hasta día de hoy.                                                                                                  

Si hay algo que une a todos los erclenos es la veneración por el Cenebro. Hay varias culturas que lo consideran sagrado, otros lo veneran y un ejército de sacerdotes y sensibles expertos en hablar con él habitan en un santuario tan grande como una ciudad. Este se extiende desde las raíces hasta la copa del árbol y es visitado por millones de personas cada año. Su memoria es tan antigua, que los sanadores mágicos que lo cuidan pueden comunicarse con él por medio de telepatía y conocer sus emociones y pensamientos. Los más fuertes entre los que acuden a visitar el santuario pueden unir su mente con la del coloso y ver el pasado con ayuda de los magos cuidadores. Pocas son las cosas que el viejo gigante arbóreo no ha atestiguado de primera mano y cuyos recuerdos se mantienen frescos en su pensamiento. Por este motivo, quienes se embarcan en sus recursos pueden llegar a ver la caída de los béredor, el alzamiento del Imperio ebénico o lo que sucede a varios kilómetros y esté en el umbral de visión del Cenebro.

Respecto a la geografía, Ercleón es un territorio llano con pocos sistemas montañosos. Por esta razón abundan las praderas, los bosques y las riberas. Su clima está dividido en dos épocas, una en la que el tiempo es cálido y está desprovisto de lluvias y tormentas y la otra en que la tierra es azotada por el frío y las nevadas. El año se divide en doce meses de treinta días, los cuales, también se prolongan por veinticuatro horas.  Estos meses reciben nombres de deidades termecorias. Son Foga, Nara, Naó, Úbido, Meldus, Medas, Arás, Sofos, Teo, Nea, Úmaga y Cárasa.

Al norte, Ercleón colinda con dos fronteras. El helado mar de Soto y la severa, gris y gélida estepa de Meledia. En el Este se despliegan las antiguas cordilleras Úrcatas y Mírtorur. En ella están cobijadas algunas de las cumbres más altas y viejas: Mámur, Vira, Édrun o Gálanbor, la más alta de todo el Oeste. Es en estas montañas habitan la mayoría de enanos. Debajo de estas dos cordilleras está la planicie de Ércela, una meseta desolada, poco explorada y habitada por los peligrosos siervos de los caídos béredor. Más allá se encuentra el paso de Fálraon, el camino que une occidente con oriente. Dirección sur hallamos la cordillera de Corágar, la más extensa de todo Ercleón. El suroeste queda cerrado por la angosta bahía de Taungia, las fauces que dividen Ercleón y Heledia. Más allá del Oeste está el voraz mar de Árastor. Se trata de una gran fosa llena de las aguas turbulentas e inmisericordes que pocos navegantes son capaces de surcar con éxito.                                                                                                                   

Es sabido que al otro lado de este implacable mar hay una tierra inexplorada. La llaman el continente de Taér Micar. Unos pequeños enclaves imperiales ebénicos vigilan esas costas, pero es el propio mar de Árastor el que impide un mayor avance por esa insólita y desconocida región. También se dice que el mar ha impedido de la misma forma que lo que reside en Taér Micar llegue hasta Ercleón.

¿Qué más podría deciros? Tantas cosas… Por ahora, es mejor esperar. Poco a poco, lo que deba ser dicho, será dicho. Solo espero que tengáis la amabilidad de volver y descubrir más acerca de Ercleón y sus gentes. Os ha hablado vuestro amigo Sergos, viajero. Espero que encontréis todas las bendiciones posibles en la aventura que os aguarda.

Darma Nímeldus.

Categories: Lore

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