La Danaria es una energía presente en todos los seres vivos, pues fue creada en los albores del cosmos. Hay especies que son más conscientes de su presencia y muchas son capaces de usarla para manipular la realidad. La Danaria se divide a su vez en dos grandes ramas; la materialista y la animista. Esta última se enfoca en manipular los elementos organicos y la vida en general. Muchas veces el poder de los sensibles animistas se basa en controlar el agua.


De todas las razas de Ercleón los elfos, hadas y gigantes son las especies más afines a la Danaria. Entre ellos, la mayoría de nacidos tienden a ser sensibles y han sido ellos quienes han llevado la magia hasta sus límites más insospechados.  Sin embargo, la especie que más ha jugado, coqueteado y hasta seducido a la hechiceria del agua y de las profecias es la de las ninfas.

Las ninfas, tárasmir o éfelin son una cultura compuesta tan solo por mujeres. Se sabe que en sus venas hay muchas gotas de la sangre divina, de la sangre elfica y, también, de la ebénica, pero siempre han sido una estirpe de feminas de excelsa belleza, poseedoras de un atractivo casi irresistible y afines a los conjuros, los augurios y la naturaleza. Su esperanza de vida se prolonga más allá del siglo, aunque su apariencia de mujeres jóvenes se mantiene durante casi toda su vida. Tan solo en las últimas décadas aparecen canas en sus cabellos o arrugas en sus pieles. Incluso cuando son ancianas, conservan cierta aura que las hace mujeres cautivadoras y misteriosas.
La mayoría habitan en la región Héleda de Tarasmigia, la cual, les da nombre. Estás son las ninfas más comunes, de pieles claras y cabellos y ojos morenos, aunque no son las únicas. En las costas y los ríos de Héledia habitan, por ejemplo, las nereidas, unas ninfas más cercanas al mar y a la magia que reside en sus aguas. Más adentro de bosques y campos, suelen habitar las náyades, de pieles más morenas y siempre en compañía de los faunos.


A rasgos comunes, las ninfas solo aceptan en sus clanes a mujeres. Se relacionan con muchas especies y es frecuente verlas emparejadas o casadas con miembros de otras razas. Pero, dentro de lo que es el clan, tan solo pueden habitar mujeres. El motivo detrás de esta extraña costumbre en que las ninfas más veteranas están convencidas de que la feminidad de los clanes fortalece sus poderes y su talento para la hechiceria. Las ninfas son capaces de curar casi todo tipo de heridas y emfermedades con sus conjuros. Saben fabricar todo tipo de artículos de botica y conocen las recetas de miles de bebidas y pócimas caseras parar tratar males que van más allá de los catarros o las fiebres…
Los clanes son llamados ninfadias y suelen asentarse en un territorio concreto para vivir. Por norma general, se asientan en ciudades edificadas hace tiempo o en templos consagrados al divino héledo Ápalo. Viven de manera comunal y sobrevivien a base de vender sus pócimas, artículos de botica y, por supuesto,  sus profecias.


Las ninfas son famosas por su gran habilidad para anunciar augurios. Sus rituales consisten en exponerse a sustancias alucinógenas mientras realizan freneticas danzas. De este modo, terminan por entrar en contacto con Ápalo, quien revela sus intrincadas profecias a base de versos que pocos son capaces de entender.

En este momento os preguntareis. ¿Si esas profecias son tan complejas, ¿por qué hay gente que paga por ellas? Pues, porque, más o menos complicadas de entender, las ninfas aciertan siempre sus augurios.


Son celeberrimas las historias de grandes reyes y héroes que han ido a consultar a las oráculos de Tarasmigia para conocer su porvenir. Las leyendas hablan de confiados e insolentes héroes que desacreditaron o malinterpretaron las palabras de las profetisas y eso les llevó a la misma muerte. Desde los días de la Era de la Esperanza, donde sus presagios fueron cruciales para obtener la victoria contra la horda gera, hasta los días de la Fundación, las profecias de las ninfas han privado de su sueño a incontables personas que deseaban conocer su destino. A pesar de que siempre han existido escépticos, el respeto que el nombre de estas brujas despierta es enorme y muchos temen si quiera la idea de visitar uno de sus templos en busca de los secretos que les aguarda el mañana.
Los santuarios de las ninfas son sagrados tanto para los adoradores de los dioses de Heledia como de los practicantes del Termecorismo.


Solo los más fieros señores de la guerra se han atrevido a profanarlos seducidos por la idea de tomar a las sacerdotisas de los oráculos. Por desgracia para ellos, todo el que ha atentado contra un templo tárasmir ha terminado por sufrir una muerte abyecta. Esto mismo ha provocado que ni siquiera los señores feudales iáropes osen poner una sola pezuña dentro de sus santuarios o una mano sobre las adivinas.

Más alla de Tarasmigia o Heledia, las ninfas viven en muchas partes de Ercleón. Varias de las ninfas más jóvenes sienten gran curiosdiad por el mundo exterior y deciden ir a formarse a academias imperiales. Esta costumbre viene desde los días de las diecisiete monarquías en las que la gran academia de Gerdión ya había sido fundada. De igual modo, cuando una ninfa nace con la sensibilidad a la Danaria, esta no duda en acudir a la gran escuela de Iarmalia para adiestrarse en todas las artes que la hechicieria tiene reservada para aquellos que son capaces de fluir con la realidad.


Esta frecuente migración derivó en que muchas de las ninfas se asentaran en el territorio ebénico y que incluso llegasen a fundar importantes casas de una nobleza que se equipararía con las casas imperiales. Este hecho se vio apoyado en que hay linajes de ninfas que afirman descender de divinos. En más de una ocasion, han sido estos mismos los que así lo han confirmado, como es el ejemplo de la casa de Cudós, emparentada en diversas ocasiones con la dinastía imperial. Esta casa noble desciende de Nara, divina de la luz, quien ha velado por esta antigua dinastía desde que se tiene registro de la misma.

También hay quienes creen que las ninfas conocen muchos secretos de los panteones divinos, de los dioses y del origen del mundo y la creación de todas las razas de Ercleón. Muchos las desean por su belleza, hay hombres de todas y cada una de las especies existentes que sueñan cada noche en hacer a una de ellas su amante… Al mismo tiempo, este aura de misterio y secreto embadurna a las tárasmir y hace que muchos las teman con gran pavor. Los eruditos y científicos ponen en duda tanto su ascendencia divina como la veracidad de sus augurios, algunos de estos se han atrevido a visitar los oráculos y, a su regreso, han salido convencidos de los poderes de las profetisas. Hay ahora una prueba documentada del famoso Élerir Niópsola, maestro de la Academia de Gerdión, que ha hecho pública su profecia en un afán de desenmascarar lo que el llama «la gran farsa de las ninfas». En su profecía se anuncia una muerte próxima bajo unas circunstancias muy concretas, pero eso no ha impedido al osado Niópsola seguir con su vida tal y como siempre la ha llevado mientras cada día documenta su rutina. De este modo, el escéptico, erudito pretende cuestionar la capacidad de las profetisas de «ver el futuro»… Si este riesgoso experimento termina o no por dejar en claro este asunto aún está por verse.

Después de escuchar todo esto solo queda preguntarse si acaso lo que se dice de las ninfas, igual que con los divinos, es cierto. ¿El futuro puede ser leído? De ser así; ¿Es posible alterar el curso de los acontecimientos? Entramos aquí en la gran pregunta; ¿existe un plan por parte de los divinos o nuestras decisiones pueden alterar aquello que está por suceder… Las preguntas pueden ser contestadas si vos mismo os atreveis a preguntar por vuestro porvenir a las ninfas de Tarasmigia…


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